Campeche es una de ciudad colonial (virreinal dicen los campechanos, quien soy yo para contradecirlos) que cuida mucho el parecerlo y serlo, tienen una buena idea de lo que debe de ser una ciudad que profese ser una de las primeras en la vanguardia cultural e histórica del país y a mi me ha parecido que el esfuerzo que están realizando es loable.
Con sus calles adoquinadas, las paredes llenas de color pastel, su malecón, sus portales y plaza principal invitan a pasarte todo el día en plan relax y disfrutar de una camita por todas esas callejuelas, que lástima que solamente pudimos estar 1 día, la verdad merecía más pero el Huracán Ernesto (no, no Zedillo, no, este ya hizo sus destrozos el sexenio pasado) no lo permitió así que tuvimos que salir huyendo a Mérida el día siguiente.
Muchas cosas nos han llamado la atención de la capital del Estado, una de ellas ha sido ver que los locales salen a jugar a la lotería en la plaza principal a partir del comienzo de la noche, jajaja, que gozada escuchar los gritos de la lotería. Me parecía una tradición perdida, además verla combinada con una especie de bingo para aquellos extranjeros que querían apuntarse a la fiesta, sonaba así: "Siete, el valiente", "cuarenta, la dama", "treinta y tres, el negrito", etc.
Y las misas a medio gas de la catedral, en donde en el tablero de anuncios de la iglesia colocan las fotos de los novios que deberán presentarse a las pláticas prematrimoniales, así como los costos que Dios ha decretado para las mismas... No cabe duda que Campeche no pierde esa parte conservadora que al día de hoy se puede considerar como parte de las atracciones turísticas.
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