escrito por : Eva Sedo
La península de Yucatán y en especial Cancún, es uno de los principales destinos turísticos mundiales. Las múltiples opciones de actividades de aventura en una naturaleza exuberante, las inmensas playas de arena blanca del Caribe, sus ciudades coloniales y el encuentro con la cultura maya son la combinación perfecta para unas vacaciones con opciones para todos los gustos, desde el turista más activo a los vacacionistas en busca del descanso absoluto.
Por ello, el norte del estado de Quintana Roo concentra la mayoría de los turistas, principalmente entre las inmensas playas de Zona Hotelera de Cancún y la Riviera Maya. Y es que las posibilidades de tours y diversión en el Caribe mexicano parecen infinitas y a menudo aquello que queda más cerca de los principales resorts resulta ya más que suficiente para llenar de actividades más de una o dos semanas. Las playas paradisíacas del Caribe y las actividades de snorkel y buceo son seguramente lo que inicialmente atrae a los visitantes, pero una vez allá la Riviera Maya sorprende al turista con sus cenotes y ríos subterráneos, sus ruinas mayas, como Chichen Itzá, Cobá o Tulum o incluso, la reserva de la biosfera de Sian Ka’an. Los tours organizados a estos lugares abundan. Las operadoras los ofrecen en los mismos hoteles y el turista solo tiene que pagar y esperar su transporte. Una opción fácil para el visitante menos experimentado y para aquel que busca el relax y la máxima comodidad. Pero aunque muchos de estos lugares son realmente excepcionales, el turismo de masas que los frecuenta es un gran punto en contra para los que buscan en su viaje una experiencia un poco más auténtica.
Afortunadamente, en la península de Yucatán existen todavía lugares alejados de las rutas habituales de turismo que van a satisfacer la curiosidad del viajero más exigente, en donde uno puede llegar a sentirse el único forastero en unos cuantos kilómetros a la redonda. Y es que, aunque cada vez son más los viajeros autodenominados “alternativos” que se desplazan al sur, hasta Tulum, son muchos menos los intrépidos que se deciden a continuar a partir de allí.
En el sur del estado de Quintana Roo, la bellísima laguna de Bacalar es un buen ejemplo. Estableciendo como base un hotelito al borde de la llamada laguna de los siete colores, se pueden visitar las pirámides de Chacchoben, Kohunlich o Dzibanché que se encuentran rodeadas de una naturaleza todavía más virgen. Sobre la Costa Maya, el pueblo de Mahahual cuenta con algunas de las mejores playas del Caribe mexicano y a excepción de los días en los que llega algún crucero, el pueblo sigue siendo muy tranquilo. Más al sur, Xcalak cuenta con zonas de snorkel impresionantes a las que solo se puede llegar alquilando una lancha desde el único puesto de buceo del pueblo.
Desde Mahahual es posible iniciar una ruta alternativa, a la habitual ruta en 4x4 desde Tulum, para visitar la reserva de Sian Ka’an, entrando por el sur hasta la Bahía del Espíritu Santo. Alquilando un vehículo 4x4, se puede recorrer la reserva disfrutando de playas de ensueño, con barcos hundidos donde hacer snorkel, sin encontrarse con otros viajeros. Si se llega antes de mediodía al pueblo de pescadores de Punta Herrero, con sus casas sobre pilotes, se puede adquirir langosta a muy buen precio o incluso comer allí mismo en compañía de los habitantes de este diminuto pueblo, mientras escuchamos sus historias sobre los grandes huracanes que ha sufrido la zona.
En el estado de Yucatán se encuentra la pirámide por excelencia, aquella que nadie quiere perderse si viaja al Caribe mexicano: Chichen Itzá. Pero algunos viajeros pueden llegar a decepcionarse al llegar y encontrar un lugar repleto de turistas y vendedores, durante las peores horas de sol y de calor. Para evitarlo, es recomendable ser los primeros de la mañana en llegar, disfrutar de la pirámide para uno solo durante unos minutos y aprovechar las primeras y más frescas horas del día para recorrer el lugar. Para llegar temprano a la zona arqueológica, se puede dormir en alguno de los hoteles cercanos a la zona arqueológica o incluso en la tranquila y colonial ciudad de Valladolid. Cuando el sol aprieta y los autobuses de turistas empiezan a acumularse, es el momento de salir e ir a visitar los cenotes cercanos a la pirámide o los de Valladolid.
Pero el estado de Yucatán es mucho más que Chichen Itzá: Su capital, Mérida, antigua ciudad virreinal, es hoy en día una gran ciudad donde se mezcla la tradición con la modernidad. Izamal, la “ciudad amarilla”, es una joya de la arquitectura virreinal construida sobre un centro de culto maya, que bien merece una visita de camino a Mérida. La pirámide de Uxmal y la Ruta Puuc, las haciendas convertidas hoy en lujosos hoteles y dos reservas de la biosfera: Ría Lagartos y Celestún, completan la lista de alternativas para aquellos viajeros que disponen de un poco más de tiempo.
En el estado de Campeche su bella capital, con sus coloridas y empedradas calles, invita a un paseo tranquilo a orillas del Golfo de México. La pirámide de Edzná es otro de sus principales atractivos. Pero Campeche alberga un tesoro escondido: Las ruinas mayas de Calakmul. Según cuentan los expertos, esta antigua ciudad maya puede compararse en tamaño y significado histórico a Tikal, en Guatemala. Pero lo que la hace todavía más excepcional es su situación: La zona arqueológica de Calakmul se encuentra dentro de una bellísima reserva de la biosfera donde animales como el jaguar cuidan la noche y los tucanes abundan de madrugada. Desde lo alto de las pirámides de Calakmul se puede observar la exuberante naturaleza de la región mientras escuchamos a los monos aulladores. El camino desde Conhuas (en la carretera 186) hasta a la zona arqueológica puede ser tan emocionante como las pirámides mismas si se recorre mientras la jungla despierta. La observación de algunas aves como los tucanes está casi garantizada si se emprende el viaje antes que salga el Sol. Existen algunos hoteles en la misma encrucijada y un campamento sobre el camino a las ruinas, pero una cómoda opción, de precio modesto, es quedarse en el pueblo de Xpujil, aunque esto requiera emprender el viaje a la reserva un poco más temprano.
por: Eva Sedo
Hay muchos otros ejemplos de turismo alternativo en la península de Yucatán y descubrir los que no conoce nadie es parte de una experiencia personal irrepetible. Abarcarlos todos en un solo viaje de una o dos semanas puede que sea tarea imposible, aun así les invito a viajar lento, detenerse en los detalles y dejar lo que faltó para la próxima vez. Repetirán.
