No siempre
resulta fácil sentir orgullo de algo, nuestra sociedad ha tenido la manía
inconsciente en el mejor de los casos de educarnos desde la vergüenza de ser lo
que somos, cuantas veces me cansé de escuchar la nefasta frase de “desgraciado
indio pata rajada” o la de “Nahual, Indio, Negro, etc.” Todas cargadas de
desprecio y de muchísima incultura.
Me parece
que todo es histórico, la esclavitud nunca fue un tema de color hasta que la
colonización de América comenzó, hicieron falta muchos brazos para extraer todo
lo que se pudiera, y si los brazos ya los tenias ahí y no había necesidad de
traerlos de África pues que mejor ¿no?. Pero aquí sucedió algo extraño, la voluntad del “Indio”, como nos llamaron (una
confusión de geografía) no era fácil de doblegar y el “Indio” prefería morir
que ser esclavo; y así fue como se perpetuaron en toda América las más grandes
masacres de la historia.
Los
“Indios” que aceptaron “colaborar” lograron sobrevivir y algunos pasamos a ser
parte del mestizaje que hasta el día de hoy perdura, pero otros decidieron
mantenerse leales a sus tradiciones, costumbres y raza; y eso les ha costado
caro porque siguen siendo engañados y explotados ya no solo por el güero sino
también por el que se mezcló.
Estos “Indios” que he conocido son en su mayoría MAYAS, son una raza que antes de la conquista estaba adelantada en astronomía (solo basta con ver la exactitud de su calendario), matemáticas (si sabes lo complejo que fue la creación del “Cero” en la cultura occidental te sorprenderá que esta raza mucho antes ya lo había incorporado a su numeración), agronomía (Creadores de Maíz) y tantas y tantas cosas más que en cuanto más veo y aprendo me quedo fascinado y orgulloso de que si por algún instante mi sangre tuvo un tatatatarabuelo Maya, pueda considerarme un poquito de “Ellos”.
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